Huellas

Últimamente he reflexionado sobre personas que, por una razón u otra han dejado cierta huella vital sobre mi persona. Pero el motivo de esta influencia creo que trasciende a una visión subjetiva y que se apoya en valores que merecen pública difusión.

La serie que quiero abordar se refiere al campo de la enseñanza y abarca todas las etapas educativas que recorrí. No se trata de hacer una lista con los mejores profesores, ni con las mejores personas (aunque en muchos casos ambas cualidades fueran relevantes), sino de recordar actitudes o valores que merecen ser  evocados.

 EL P. Manuel.

Así le llamábamos (sin apellidos) cuando llegó a nuestro colegio, .Volvía de una larga estancia en las misiones por Hispanoamérica (creo que  también había visitado EE.UU. por un corto tiempo) y traía un bagaje extraordinario que le permitía hablar de hormigas gigantes comestibles o de países con televisión en color y una oferta de decenas de canales, pura ciencia ficción para los españoles del momento… (Seguir leyendo)

El profesor Iglesias.

Don Juan Iglesias Santos era una institución en la Universidad. Una de esas personas corteses que generan respeto con su sólo presencia, y que lo acrecienta con su palabra. Era su discurso pausado y de buena dicción y se basaba en unas notas en formato octavilla en las que había logrado meter las instituciones de Derecho Romano… (Seguir leyendo)

El profesor Ruiz-Giménez

Del maestro Ruíz-Gimenez, recuerdo la intensidad, el entusiasmo con el que cada día llegaba al aula. Su objetivo máximo no era limitarse a transmitir un temario, sino ponerle un sello de humanidad, hacer creible la defensa de los derechos humanos -creo que este ha sido el motor de su vida- a través de sus argumentos y, en muchos casos de su propia trayectoria personal… (Seguir leyendo)

Gil Carlos Rodríguez Iglesias

A Gil Carlos Rodríguez Iglesias lo conocí cuando todavía era un profesor titular en una cátedra de la Universidad Complutense, aunque poco después obtuvo la cátedra en Granada. (Seguir leyendo).

.  Francisco Delgado Piqueras

Mi relación con Francisco Delgado como profesor es radicalmente diferente a los otros casos que se exponen, porque mi papel como alumno ya no era el de un joven inexperto que debe sentir cierta reverencia por su venerable maestro. Ahora, afrontaba una etapa educativa después de un bagaje personal y formativo bastante amplio… (seguir leyendo)

La promoción de 1985 en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense

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Mi paso por la Universidad Complutense me marcó profundamente,  pues yo era entonces un joven de 18 años, de origen rural, con muchas ganas de saber, que ahora llegaba a la capital de la nación, en un momento de cambio total en el país.

La Facultad de Derecho vivía entonces en una situación convulsa, donde se escenificaba con anticipación el giro copernicano que estaba dando nuestra sociedad en todos los ámbitos, pero que allí podía se sentía más próximo, pues por los pasillos de aquella facultad entraban todos los días los viejos dirigentes sociales a su cátedra junto a profesores ayudantes, muchos de ellos deseosos de acceder a puestos estables, pero también prestos a unirse a los nuevos núcleos de poder que se estaban formando. (seguir leyendo).

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