HUELLAS. El profesor Rodríguez Iglesias

Gil Carlos Rodríguez Iglesias

A Gil Carlos Rodríguez Iglesias lo conocí cuando todavía era un profesor titular en una cátedra de la Universidad Complutense, aunque poco después obtuvo la cátedra en Granada.

Era una persona brillante con intensa labor docente, tanto en la universidad, como en instituciones con el prestigio de la Escuela Diplomática. Por eso cuando surgió la posibilidad de realizar un seminario por la tarde, con directores como el profesor Rodríguez Iglesias no me lo pensé.

Era una oportunidad para profundizar en el conocimiento de la Unión Europea (entonces Mercado Común Europeo) y valía la pena, aunque ese día tuviera que ir a la Facultad por la mañana y luego otra vez por la tarde. Téngase en cuenta que yo vívía a casi tres cuartos de hora del centro de enseñanza, y mi opción implicaba tres horas de transporte que se añadían al horario de clase y a la propia duración del seminario.  En resumen una jornada casi completa que no dejaba tiempo para nada más.

Formamos un grupo, compuesto por unos jóvenes inquietos, cada uno de los cuales debía preparar una ponencia sobre un tema concreto, para luego exponerlo al seminario. Yo elegí la Politica Agraría Común y pedí asesoramiento al profesor Rodríguez Iglesias, a lo cual me respondió gustoso que concertásemos una cita por la tarde.

Fuí a la Facultad por la tarde y subí al departamento a la hora convenida, pero no encontré a quien buscaba. Tuve que esperar un rato, hasta que el profesor Rodríguez Iglesias apareció al fondo del pasillo. Para mi sorpresa, el profesor se excusó sentidamente con una causa ajena a su voluntad. Pero aquello resultaba totalmente nuevo para mí, acostumbrado como estaba a unas relaciones entre profesor y alumno que en la mayoría de los casos ponían a uno en el pedestal y a mí en el suelo.

Luego la orientación fue adecuada y el trabajo creo que no quedó del todo mal y que incluso fue valorado positivamente por los compañeros.

El curso siguiente, el profesor Rodríguez Iglesias ya era catedrático en otra universidad y un día lo encontré casualmente por los pasillos del departamento. Me saludó afectuosamente, me dió su tarjeta de visita y me sugirió presentarme a una profesora del departamento con la que compartía lugar de origen.

Con el profesor Rodríguez Iglesias aprendí mucho de relaciones humanas, aunque académicamente mi trabajo nunca fue valorado, porque el viejo catedrático que impartía la asignatura terminó ignorando el seminario, y eso que nos habló de él en una clase. Cuando intenté dejar esto patente ni siquiera obtuve respuesta, pero no me sorprendí porque el catedrático de mi asignatura seguía modos habituales por aquel entonces.

Más sobre su vida.

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