LA IDEOLOGÍA DE QUIENES SÓLO QUIEREN MEDRAR

Waylon Smithers en http://www.thesimpsons.com/

Aunque el tema no es nuevo, puesto que es reconocible desde que unos hombres alcanzaron poder sobre otros, de vez en cuando cobra mayor relieve del habitual. Me refiero al papel de quienes se suman al poder dominante por el mero hecho de hacer carrera o de incrementar el patrimono personal.

Como esto no puede justificarse socialmente así, los interesados invocan grandilocuentemente su apoyo a una ideología que casualmente es la que se impone en ese momento y la que ofrece margen para recibr algunas prebendas del poder, desde una subvención, un patrocinio (libros, discos, películas) una concesión administrativa (obra pública, medios de comunicación…) hasta el tradicional acceso a puestos públicos de trabajo por la puerta de atrás. Naturalmente, en estas condiciones el argumento ideológico ante los demás queda reducido a una mera superchería para quienes sólo buscan de un modo u otro su lucro personal.

Ayer un amigo me envió el artículo de Félíx de Azúa, titulado A favor de la memoria histórica, donde el autor carga las tintas contra esos oportunistas de la ideología que estarían en los cuadros del socialismo español y que se mainifestaría de este modo: “la destructiva ausencia de ideas en un país que ya soporta el analfabetismo funcional mayor de Europa. Una herencia que enlaza con la eterna tradición española de sumisión al poder llevada con gesto chulo por los sirvientes. Esta vez bajo el disfraz del progreso”.

Hoy, por el contrario, encuentro un texto parecido pero en referencia a la derecha española. Javier Marías en su artículo Esa puta mierda describe de este modo a quienes acompañan a Ésperanza Aguirre en una visita oficial: “Se la veía paseando por las cercanías de un pueblo, Becerril de la Sierra, con un nutrido cortejo de individuos untuosos y temerosos, literalmente un séquito, como si fuera la dueña de un cortijo con sus capataces y peones”.

Como imaginarán lo malo de todo esto es cuando, por el uso y por los años, el sistema se desacredita de tal modo que no ya los más jóvenes o los críticos, sino hasta el más incauto dejan de confiar en su democracia y en sus representantes. Entonces la historia nos demuestra que se abre la posibilidad a diferentes soluciones, alguna de las cuales no es la óptima.

Claro que también debe confiarse en las posibilidades de la propia regeneración del sistema. Un buen ejemplo de esto lo constituyen estos artículos de fin de semana que recomiendo aquí mediante los siguientes enlaces: Félix de Azúa y Javier Marías.

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